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Ser feliz sin condición


Ser feliz sin condición es una decisión

Ingrid Maldonado es feliz sin condiciones
La mayoría de nosotros ponemos condiciones para ser felices pero por increíble que parezca hay personas en el mundo que tomaron una decisión y dijeron: Voy a ser feliz sin condición. No quiero poner condiciones a la vida para ser feliz y aunque las circunstancias me impiden realizar tal o cual actividad, voy a negarme a mi mismo y ver las cosas con enfoque positivo. Todo, absolutamente todo tiene algo de bueno o algo de lo que podamos aprender. Las cosas no son solo negras o solo blancas, el mundo está lleno de colores, somos los observadores quienes ponemos matices e interpretamos muchas veces de forma equivocada.

La fe ayuda para ser feliz sin condición.

La gran mayoría de personas que han decidido ser felices son personas que tienen fe. Tienen fe en Dios, tienen fe en en en algo superior y también tienen fe en sí mismos. En que son capaces, en que están dotados de herramientas para superar problemas, dificultades y enfermedades. Esa fe les hace ser positivos porque el autor de la fe  es totalmente positivo. Dios quiere que tengamos fe, que creamos en Él y en nosotros como sus hijos y aunque estemos en este mundo lleno de desgracias y calamidades podamos confiar y tener certeza de que la bendición del Padre nunca nos faltará. Cuando miro a estas personas me lleno de inspiración y son un ejemplo para mi vida y creo que para muchos miles de personas que nos podemos venir abajo con minucias, cuando nuestra condición no tiene punto de comparación con con la de ellos. Por eso doy gracias por la existencia de aquellos que Dios les ha puesto en el mundo para nuestra inspiración y para que aprendamos a ser felices sin condición alguna. No importa su confesión de fe, importa su ejemplo y su madurez.
No todos nacemos con la predisposición positiva, a lo mejor algunos somos más negativos que otros. Pero podemos aprender a ser positivos   Una de las herramientas con las que venimos a este mundo es la capacidad de aprender, por tanto podemos aprender a ser positivos, podemos aprender a tener fe, podemos aprender a resolver nuestros propios problemas sin echar la culpa a los demás y por tanto podemos aprender a vivir una vida de satisfacción y de felicidad.
Una de las cosas con la cual podemos empezar es con la gratitud, muchos expertos en control emocional hacen hincapié en esto y lo más certero es fiarnos no tanto de ellos como de lo que dice el Señor en su palabra. Dad gracias en todo porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús. Cuando damos gracias al principio no nos sale bien la gratitud, pero si insistimos llegaremos a tal punto que la gratitud saldrá del corazón y nos ayudará a tomar la decisión para conseguir que nuestro yo pueda ser feliz sin condición.
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«Una simple línea en la Biblia me consoló más que todos los libros que he leído. La Biblia puesta al alcance de todos es el mayor beneficio que haya podido conocer la humanidad». Emmanuel Kant (1724-1804).

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La felicidad mejora la salud

la felicidad mejora la salud

Un estudio realizado por  el  Instituto Coca-Cola de la Felicidad y la Universidad Complutense de Madrid, ha demostrado que las personas que se sienten contentas y felices tienen una percepción de su salud mucho mejor que otras que no tienen contentamiento y satisfacción con su diario vivir. Lo cual también demuestra que tener un ánimo positivo mejora sustancialmente nuestra salud. Ya que según dicho estudio, las enfermedades están menos presentes en el grupo de personas más felices que en el grupo contrario. Según las palabras del psicólogo Gonzalo Hervás, quien dice: “Hemos constatado que la salud mental es un componente igual o más importante que la salud física en la percepción de la propia salud.  Además el ser positivo aumenta su salud porque hace reaccionar al sistema nervioso, al neuroendocrino y el inmunológico.”
Además el presidente del Instituto Coca-Cola de la felicidad, Carlos Chauceda, ha afirmado que el optimismo hay que trabajarlo y que nuestro cerebro tiene una propensión natural a tener emociones positivas, lo cual nos hace reflexionar del propósito de Dios en el ser humano, ya que si el cerebro tiene propensión a generar emociones positivas, quiere decir que Dios nos creó para que seamos felices y positivos y por ende que tengamos menos enfermedades.
¿Por qué conforme pasa el tiempo tendemos a generar emociones negativas y nuestra felicidad se va alejando de nosotros?
Cuando somos niños somos felices, pero felices de verdad. No importa la situación económica, no importa si llueve o hace frío, no importa la cantidad de juguetes ni la cantidad de ropa, no importa absolutamente nada, nos adaptamos a cualquier circunstancia con rapidez. Cuando los adultos vemos pasar un poco de niños nos  contagian con su felicidad, nos sentimos otra vez niños con ellos, derraman alegría por todas partes, muchas ganas de vivir, todo para ellos es nuevo y quieren tocarlo y experimentarlo. No tengamos la menor duda que esa es la felicidad verdadera. 
¿Podemos los adultos tener esa felicidad que tienen los niños?
Creo que definitivamente no, pero podemos hacer algo.  Una noche un hombre muy sabio llamado Nicodemo se acercó a otro sabio llamado Jesús a conversar con él. A las afirmaciones de Nicodemo parece que Jesús no las tomó atención. Pero le increpó y le dijo “Si no nacieres de nuevo no puedes ver el reino de Dios” El sabio  sorprendido le dijo ¿Puede acaso un hombre siendo viejo meterse en el vientre de su madre y nacer? Jesús le dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es y lo que es nacido del espíritu, espíritu es” Le estaba diciendo que tenía que nacer de nuevo, pero no del vientre de su madre, sino del espíritu. Tenía que tener un nuevo nacimiento para poder ser feliz y entrar al reino de Dios. Los humanos que hemos experimentado ese nuevo nacimiento hemos encontrado la verdadera felicidad y la paz. Y aunque todavía queda algo de la vieja naturaleza, podemos vivir en la fe del Hijo de Dios. Porque la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento.
De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Lucas 18:17